Carpa Maldita. Capítulo 2.

jueves, 11 de junio de 2015


2. Clarividencia
Lorna se había afanado. Mimi se miraba sin reconocerse a penas en el espejo. La chica que era había sido sustituida por una gitana morena, con la cara surcada de arrugas y dientes ennegrecidos. Era curioso lo que se podía hacer con el maquillaje.

—Estás muy bien. Ahora a ver si conseguimos que no metas la pata en las sesiones.

Mimi estaba preocupada. No estaba muy segura de poder hacerlo tan bien como Madame Joie. Cogió aire y se sentó a esperar. La mesa que tenía ante sí era redonda, como las mesas camilla que solía haber en algunas casas, la habían cubierto con un mantel rojo y tenía un tapete oscuro en el centro del cual se encontraba la bola de cristal de Madame Joie y al lado un mazo de cartas de tarot.

Carpa Maldita. Capítulo 1

miércoles, 10 de junio de 2015


1. Mimi
Las fuertes risotadas de Frank se oían por todo el campamento. El musculoso forzudo estaba por la labor de que todos se enteraran de los nulos progresos de Mimi con el trapecio.

—No tiene maldita gracia—le regañó la chica sacudiéndose el polvo de la ropa y comprobando si se había hecho alguna herida—. Me he hecho daño de verdad.
—Quizás deberías dejarle el trapecio a los mayores—observó Frank y volvió a reír a carcajadas—. Ha sido verdaderamente gracioso.—añadió secándose unas pequeñas lágrimas que se le saltaban de los ojos.

Mimi no sabía si enfadarse más, si quejarse o qué demonios hacer. Observó el pequeño trapecio con el que estaba ensayando, suspendido a un metro del suelo. Podía haber sido peor, se podía haber caído de cabeza y matarse. O podía haber sido en la Carpa y no contarlo.

El corazón de la fachada

martes, 9 de junio de 2015

Hacía mucho tiempo que veía ese extraño y llamativo cartel al pasar por la calle. Se trataba de una señal de metal grisáceo con forma de corazón con una pantalla de cristal rojo que por la noche se iluminaba de forma intensa y palpitante, como si marcase unos latidos reales.

Bajo ella, en el mismo edificio, sólo una puerta también metálica sin ningún cartel, horario o rótulo explicativo. Esto era, sin duda, lo más extraño de todo y lo que le hacía pasar por delante todos los días.

Axel se sorprendía ralentizando su marcha al llegar a pocos metros del cartel y paseando embobado mirando hacia la fachada, como hipnotizado por un misterio que ni él mismo se atrevía a resolver.

Jamás había visto a nadie entrar en el edificio, ni la puerta abierta ni nada. Y por eso hizo lo que hizo aquella tarde.

Era un día gris, uno de esos días anodinos que no tenía nada de particular. Axel caminaba como siempre, por aquella calle, reduciendo su paso ante el enorme corazón cuando oyó un latido. Se paró en seco y aguantó la respiración sorprendido. Miró al cartel, estaba como siempre y de pronto otro enorme ruido de un latido, un potente "popom" y un destello rojo en el cartel lo acompañó.

Axel no comprendía, se quedó con la boca abierta, perplejo y pensativo, mirando hacia arriba. Y sucedió una tercera vez. Un latido, un destello. Y un crujido.

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