Estrés

lunes, 6 de abril de 2015

Había visto el horror, el drama, el sufrimiento. Se encontraba con la mirada perdida y sumida en sus propios pensamientos. No quería hablar, o no hablaba. Al menos eso dijeron los médicos cuando la encontraron sentada en medio de aquel enorme charco de sangre.

— Está completamente en shock. — dijo uno de los médicos que le pasaba una linterna por delante de los ojos para comprobar su reacción.
— Pobrecita, vaya recuerdos le quedarán. — comentó otra de las doctoras que tomaba notas en el historial de la pequeña.

Ella seguía allí, impasible y sin decir nada. Como una figura de cera que ni siente ni padece mientras todos a su alrededor pensaban en lo duro que debía haber sido todo para la muchacha.

La habían encontrado en su casa, en medio de un enorme y pegajoso charco rojo compuesto por sangre de sus padres, cuyos cadáveres acribillados por las balas se encontraban en el suelo, su madre cerca de la puerta por la que había intentado huir, su padre en el sofá, como si le hubiesen cogido por sorpresa y ella allí en medio, de rodillas, bañada en sangre, sin un rasguño físico.
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