Carpa Maldita. Capítulo 11.

lunes, 22 de agosto de 2016


11. Corazón de tres pistas.
Mimi daba vueltas en su cama molesta por un sueño. Aquel tenía mucho que ver con su dilema personal: Enzo se le aparecía en sueños donde tenía una cita romántica con él noche tras noche, sentados en un trapecio mirando las estrellas pero siempre, a mitad de la noche, justo cuando Enzo la besaba, aparecía Lester en el suelo, con los ojos tristes sobre un charco de sangre, Mimi intentaba agarrarle y entonces se caía al suelo, entre gritos.

Como cada noche desde que la había llamado el director para hacerle la propuesta era lo único que soñaba y tal como era costumbre se despertó entre gritos, bañada en sudor y con el corazón desbocado.



—¡Maldita sea!—exclamó—Tengo que acabar con esto.

Mimi salió de la caravana tras lavarse y deambuló melancólica por todo el campamento. Prácticamente todo estaba en silencio. Incluso los animales dormían en aquel momento. La luna y las estrellas brillaban tranquilamente y, poco a poco, la joven trapecista parecía estar algo más calmada.

Llegó a la puerta de la caravana en la Lester dormía y se quedó en pie frente a la puerta en el más completo de los silencios. ¿Cómo explicarle a aquel chico maravilloso que estaba dudando entre él y otro chico?¿Cómo contarle que había besado a otro?¿Cómo soltarle la bomba de que el beso había significado algo? Eran mil preguntas y mil dudas. Aquello le destrozaría. Él la quería de verdad y ella estaba segura de que también, pero, por otra parte, sentía algo por Enzo, muy parecido a lo que sentía por Lester. Y su chico-lobo jamás acabaría de entender su pasión por el trapecio, al menos no del todo. Enzo parecía entender la pasión y el trabajo que le llevaba aquello.

Se oyó un chasquido tras ella y Mimi se giró asustada para descubrir a un desconcertado Lester, que venia de atender a algún animal enfermo.

—Mimi,¿qué haces aquí?

La trapecista se le quedó mirando sin saber qué decir y presa de sus dudas y sin decir nada en absoluto se tiró llorando en los brazos de Lester.

—Tranquila, Mimi. Todo irá bien, tranquila—Lester le acariciaba el pelo y la abrazaba fuerte sin entender lo que ocurría pero estaba claro que ella necesitaba saber que todo estaba bien. Mimi le besó, un beso largo y profundo mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.

Lester correspondió al beso y se dejó llevar hasta que Mimi decidió terminarlo. Le miró a los ojos y echó a correr, dejando al chico lobo más confundido que nunca.

En ese momento Lester supo que la amaría para siempre, aunque fuese un manojito de nervios y contradicciones, era la chica más maravillosa que había conocido.

Lo que ni Lester ni Mimi supieron fue que en ese momento, una delgada figura subida en el trapecio de la Carpa sonreía para sí, con una diabólica idea en la cabeza. Algo que iba a afectarles a los tres.

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