Carpa Maldita. Capítulo 8.

viernes, 25 de septiembre de 2015


8. Enzo
Mimi había llegado temprano y se había puesto a calentar, haciendo unos cuantos ejercicios para mejorar su equilibrio. Notaba que tanto entrenamiento estaba empezando a dar sus frutos ya que sus movimientos eran cada vez más ágiles, precisos y elegantes. Aunque tenía que mejorar.

Intentó hacer una cabriola para caer de un pie en el otro sobre la barra pero trastabilló y se cayó de espaldas, dando con todas sus posaderas en la fría y dura arena de la pista.

—¡Ha sido mala suerte! Cuestión de milímetros y habrías apoyado bien el pie.—la voz a su espalda no le resultaba familiar así que Mimi dio un respingo, aterrada.

Ante ella estaba un chico más o menos de su edad. Moreno, atlético, bastante alto y que parecía fuerte. Tenía una mirada vivaracha y marrón y una mueca divertida en la boca. Había algo en el que le resultaba familiar pero no sabía qué era.

—¡Qué maleducado soy!—exclamó mientras le tendía la mano para ayudarla—Me llamo Enzo.

—Yo soy Mimi. ¿Trabajas aquí?

—Sí, soy trapecista. Aunque hace mucho tiempo que no hago un espectáculo porque me he lesionado la rodilla. En cuanto esté bien volveré ahí arriba.

—¿No sabía que había más trapecistas en el circo? Mika no me ha dicho nada.

—Mika es muy reservado. A mí tampoco me dijo que había una nueva aspirante. Él es así.

Enzo emanaba una extraña y cálida familiaridad. A Mimi se le antojó que le conocía de toda la vida. Era muy alegre y cercano y durante un rato le estuvo haciendo unas cuantas bromas y contándole algunas de sus más humillantes caídas mientras entrenaba. Ella reía y él, mientras, la ayudaba a corregir algunas posturas.

Iban a dar la seis en punto en breve y entonces llegaría Mika para volver a regañarla y la verdad que Enzo parecía mucho más amable como entrenador. A Mimi se le antojó una idea extraña.

—Podrías ayudarme a mejorar. Mika me grita mucho pero creo que tu entiendes mejor mi situación.

—¡Claro que si! Yo suelo entrenar muy temprano, ven aquí y te enseñaré lo que pueda. Además, quizá podemos preparar un número de pareja. Así Mika quizá me deje volver a la pista. ¿Qué te parece?

—Pues aquí me tendrás todos los días a las cinco.

—Nos vemos mañana, entonces. No olvides tener cuidado con los pies.

Mimi se miró los pies pero los tenía en buena posición. Al levantar la vista Enzo había desaparecido tan sigiloso como había llegado.

—¡Bueno, Brazos de Pollo! A ver qué eres capaz de hacer hoy.—Mika y su voz mandona habían llegado puntuales como siempre.—¡Estas de buen humor! Me gusta que estés así, a ver si sigues riendo después de tocar el techo. ¡¡A trepar!!

Mimi empezó a escalar animada. Con Mika chillando y aquel chico amable como entrenadores ya se veía haciendo un número antes de llegar el Invierno.

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