Carpa Maldita. Capítulo 7.

miércoles, 12 de agosto de 2015


7. Lester y Mimi
Lester estaba nervioso y todavía no sabía por qué. Quizá era que Mimi estaba cada vez más encerrada en si misma cuando trabajaba en la Carpa y ya no hablaba con los demás como antes.

Frank se seguía metiendo con ella, por supuesto, y a voz en grito como no podía ser de otro modo pero Mimi no parecía ya reaccionar a aquellas críticas directas. Y Lester notaba como ella, la chica de sus sueños, se alejaba cada vez más con la élite del Circo.


La chica de sus sueños. ¡Ja!

Lester no pudo evitar poner una sonrisa en su cara, ¿cómo no iba a ser de sus sueños? En la vida real no se atrevía a hablarle casi nada y menos ya ni pensar en hablar de "sentimientos". Se le dibujó una mueca de tristeza en los cara cosa que no pasó desapercibida por Frank.

—¡El perrito está triste!¡Qué alguien le tire un hueso para roer!—chilló el forzudo más entrometido del mundo—¡Mimi, tu estás muy flaca, igual quiere roerte una pierna!

La muchacha dio un respingo al oír su nombre y miró a Lester sin acabar de comprender y, por una vez, el "hombre lobo", como le llamaban, agradeció tener la cara cubierta de pelo para que no vieran que se había puesto rojo como un tomate.

—¡Piérdete, Frank!¿No tienes un autobús que levantar o algo?

—¡A tu madre a pulso, Lester!—exclamó el forzudo y acto seguido rompió en contundentes carcajadas.

Lester se levantó de la mesa un tanto azorado y se puso a fregar su plato. Al rato notó que alguien le ponía una mano pequeña en el hombro.

—No le hagas caso, ya sabes cómo es—dijo Mimi, sonriéndole.

—Ya lo sé. Pero hoy no estoy de humor para sus bromas.

—Yo soy Mimi, por cierto.

—Se quien eres, trapecista—dijo Lester sonriendo—. Creo que todos saben quien eres por aquí desde que te has ido con los Reyes a la Carpa.

—Si, bueno, aún no soy oficialmente trapecista.

—Yo soy Lester. Supongo que no hace falta que te diga qué pinto yo por aquí.—se presentó el chico señalándose la cara.

—Sí, lo sé. 

Ambos se quedaron en silencio mirándose y a Mimi le entró una risa nerviosa.

—Oye, ¿te parece que si esta noche no tienes nada que hacer demos un paseo?—Lester se sorprendió de su propia pregunta. No sabía cómo se habría atrevido.

—Bueno...—Lester vio a Mimi dudar, no tenía que habérselo preguntado—Mañana madrugo...aunque un paseo corto no me vendría mal. Sólo ensayo, como y duermo y me estoy empezando a cansar. Si te parece bien me recoges antes de que empiece la función de esta noche en la taquilla. Me toca vender entradas. ¿Te parece?

—De acuerdo. Te recojó al cierre de la taquilla.—convino Lester

—Tengo que volver al ensayo, hasta luego.

La chica se alejó hacia la Carpa y Lester la observó entre fascinada y descolocado. No acababa muy bien de entender cómo había pasado pero tenían una cita y eso era todo lo que importaba.

—Mimi y Lester, se sientan en una rama...—empezó a cantar Frank y profirió una risotada—El cachorro se ha enamorado.

—El cachorro acabará por morderte, Frank—le advirtió Lester—. No tientes la suerte.

—Uhhh, perrito malo. ¡Era una broma, Lester!

Lester se alejó haciéndole una seña de que todo estaba bien y volvió a sus tareas de limpieza. Aquel día no había función de los "monstruos" así que había sido el día perfecto para concertar la cita. 

Se empezó a poner nervioso y no atinaba a peinarse la raya recta. Quería parecer presentable porque con aquel matojo de pelo negro era un poco difícil parecer guapo. Así que se conformaba con no parecer un personaje de una peli de terror.

A la hora convenida se acercó a la taquilla con un pequeño ramillete de flores silvestres. Mimi estaba ya cerrando la taquilla mientras las luces de la Carpa hacían las señas pertinentes de que empezaba el espectáculo. 

—¡Vaya! ¿Me has traído flores? Gracias.

—Me pareció lo correcto.

—Gracias. ¿A dónde vamos?

—He pensado que un paseo aquí cerca, por la orilla del río estaría bien, si te parece, claro.

—¡Genial!

Mimi caminaba junto a Lester que iba con las manos en los bolsillos y en tensión. Durante unos segundo no sabían de que hablar y caminaron en un incómodo silencio durante varios minutos. Sólo se oía el fluir del río y a los grillos que empezaban a cantar junto con algún ruido de aves que debían estar acomodadas en las copas de los árboles.

Finalmente, Lester carraspeó, y empezó a hablar de lo buena noche que hacía, lo cansado que había sido su día, le preguntó a Mimi por sus ensayos y poco a poco empezaron a hablar de unos temas y otros. Ambos descubrieron que les gustaba leer, sobre todo novelas de aventuras y opinaron sobre sus últimas lecturas, poco a poco fueron cogiendo confianza y hablando de forma más amena. 

Al final de la noche habían congeniado bastante y se tenían mucha simpatía. Acordaron verse para pasear por las noches cuando no lloviese y ninguno de los dos tuviese función o ensayo y de esa manera empezaron a pasar más tiempo juntos.

Comían juntos en la mesa común, Mimi volvía a sonreír y a hacer bromas con los demás y los chicos se lo pasaban muy bien hablando de miles de cosas y haciendo bromas. Frank, por una vez, decidió darles una tregua y dejó de hacer bromas y comentarios maliciosos sobre ellos, por respeto a los chicos y por que le intrigaba saber en qué acabaría todo aquello.

La relación no pasó desapercibida en el circo. Sobre todo para el dueño que no parecía muy entusiasmado pero que decidió no intervenir. No estaba planeado que aquellos chicos se hiciesen amigos pero los progresos de la chica desde que estaba de buen humor eran interesantes y eso le valía para su propósito y si para ello tenía que sacrificar a un engendro ¿qué importaba? 

—¿Y si se enamoran?—preguntó Anke

—Será lo que tenga que ser. La Carpa tiene su forma de hacer las cosas.—sentenció el director.

Anke regresó triste a la caravana y se sentó junto a Mika.

—Ese hombre no tiene corazón. No va a impedir que pase otra vez.

—¿No podemos hacer nada?

—Y ¿qué quieres que hagamos? Prohibirles que se vean. No somos sus padres. Sólo podemos esperar que no pase otra vez.

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