Carpa Maldita. Capítulo 4.

domingo, 2 de agosto de 2015


4. Los reyes del trapecio
Mimi no los había visto más que una vez en todo el tiempo que llevaba en el circo ya que se pasaban el día encerrados ensayando en la carpa central. Incluso comían allí, alejados del resto. Mimi notaba que hacia ellos había mucho respeto y envidia, pero nadie comentaba nada ni solían hablar demasiado con ellos.

Anke era increíblemente hermosa, tenía un pelo rubio ceniza que bajo las luces de la carpa parecía hecho de luz lunar. Una figura envidiable tras miles de horas de entrenamiento y unos ojos azul aguamarina que la hacían resaltar su procedencia nórdica. También era muy alta, parecía una guerrera vikinga.


Mika era su partener en las cuerdas. Un ruso también atlético, con el pelo negro azabache y profundos ojos pardos. Tenía el mentón y las facciones muy marcadas y todos los músculos torneados. Mimi se ruborizó al darse cuenta de que estaba mirándolos demasiado fijamente y bajó la mirada hacia el tazón del desayuno.
—¿Dónde está la chica prodigiosa?—preguntó Anke, mirando alrededor.—La supuesta aprendiz de trapecista.—aclaró con su suave acento nórdico.

Todos miraron a Mimi y carraspearon, tosieron o se hicieron los locos. Aquello tenía pinta de ser el inicio de una pelea de gatas y la joven aprendiz quería que se la tragase la tierra.

—¿Eres la nueva?—quiso saber Anke clavándole la mirada con perplejidad.

—S...Si—consiguió arrancar la chica—, me llamo Mimi.

—Te he visto estropear mi trapecio de prácticas con tu torpeza—declaró la trapecista de cartel—, lo haces de pena. Necesitas mucho más ensayo.

—Eres mala—sentenció Mika—, pero podemos hacerte buena.—el hombretón sonrió.

Mimi no sabía si eso era positivo o negativo. Ni siquiera si era una invitación para entrenar tal como parecía. Se quedó callada y en silencio.

—Pareces un ratoncito asustado, los ratones asustados se caen del trapecio. Te convertiremos en una pantera de trapecio—Mika se dio un golpe orgulloso en el pecho—. Entrenarás con nosotros dos veces al día.

—Mañana vendrás a la carpa grande. A las seis de la mañana en punto. No te retrases. Odio a los que se retrasan. Si llegas tarde se acabó el entrenar con nosotros.—indicó Anke muy seria.

Los dos trapecistas se marcharon. Los demás se quedaron mirando a Mimi que se había quedado de piedra. La iban a entrenar. Se ve que algo iba bien de pronto.

Mimi se sonrojó y se quedó con una sonrisa dibujada en la boca. De pronto, una fuerte voz la sacó de su ensimismamiento.

—Quita esa sonrisa de la boca, Señorita Doña Importante, que te entrenen no quiere decir que llegas a trapecista. Solo que ahora si te caes del trapecio el golpe te va a dejar algo más que moratones—Frank no parecía especialmente contento, de hecho, no estaba bromeando—. Debes tener cuidado en la carpa.

Mimi asintió seriamente y volvió a su entrenamiento en el pequeño trapecio. Se seguía cayendo pero un poco menos que hacía unas semanas. Tendría que entrenar con más empeño y a saber cómo sería lo de entrenar con aquellos dos rusos.

Disipó sus dudas, y se columpió de pie sobre la barra del trapecio mientras se imaginaba cómo sería su día cuando fuese cabeza de cartel.

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