Carpa Maldita. Capítulo 2.

jueves, 11 de junio de 2015


2. Clarividencia
Lorna se había afanado. Mimi se miraba sin reconocerse a penas en el espejo. La chica que era había sido sustituida por una gitana morena, con la cara surcada de arrugas y dientes ennegrecidos. Era curioso lo que se podía hacer con el maquillaje.

—Estás muy bien. Ahora a ver si conseguimos que no metas la pata en las sesiones.

Mimi estaba preocupada. No estaba muy segura de poder hacerlo tan bien como Madame Joie. Cogió aire y se sentó a esperar. La mesa que tenía ante sí era redonda, como las mesas camilla que solía haber en algunas casas, la habían cubierto con un mantel rojo y tenía un tapete oscuro en el centro del cual se encontraba la bola de cristal de Madame Joie y al lado un mazo de cartas de tarot.

Lorna le había dicho que encendiese velas y quemase incienso y la roulote estaba sobrecargada de humo y olores.

Un ruido en la puerta la sacó de sus pensamientos. Lorna traía a una pareja joven que tenían cara de estar un tanto asustados. 

—Pasen por aquí, vean a Demoiselle Débutant, ella les leerá el futuro.—y así le habían puesto un nombre artístico sin preguntar.
—¡Pasen, queridos!—saludó
La chica estaba muy nervioso, el chico estaba tenso. El humo, el incienso y la puesta en escena estaba ayudando a crear ambiente. Mimi empezó a entrar en materia. 
—¡Oh, si! Noto las fuerzas muy presentes.—dijo Mimi imitando un acento raro, mezcla de diferentes nacionalidades y remarcando las eses—Hay mucha receptividad aquí—miró a la chica y sonrió con su nueva boca con dientes pútridos de ficción y la chica dio un respingo—. No tenga miedo, querida, deme la mano. Noto una presencia, alguien quiere contactar con usted. Es...es...
Mimi no tenía idea de qué decirle. Miró de reojo. La chica estaba asustada pero aguardaba sus palabras expectante.
—Es una mujer...—la chica dio un respingo, los ojos le brillaron—Una mujer mayor, dice que es familiar...
—La abuela, John.—le dijo al chico. Este se puso derecho, un poco tenso.
—En su nombre hay una...si, una "a". 
—¡Agatha! Es mi abuela.—exclamó la chica.
—Sí, se llama Agatha, dice que te echa de menos y que sabe que tu también...pero dice que no estés triste, que no estés preocupada. Ella está bien.—Mimi miraba la bola pero en realidad estaba atenta a las reacciones de la chica y su acompañante—Dice que se siente orgullosa de ti y que no tengas miedo ha hacer lo que quieres hacer.
—Dile que la quiero mucho. Que me gustaría que estuviese aquí.—la chica le agarró la mano a Mimi, ella se fijó en que tenía un anillo de compromiso.
—Tu abuela dice que también te quiere, que tú no sabrás pero estará contigo acompañándote al altar. Siempre cuidará de ti.—mintió, los clientes se echaron hacia adelante, expectantes—Y dice que vuestro matrimonio será largo y feliz.

Mimi notó cómo se relajaban. Ambos se cogieron de la mano. Dejaron un buen montón de billetes sobre la mesa, le dieron las gracias. Y se marcharon después de despedirse de Agatha y de Mimi. La chica suspiró tranquila, era complicado pero no tanto. Quizá no lo haría tan mal.

Esta tarde, tal como Madame Joie había dicho, no hubo mucho movimiento. Sólo un par de parejas más preguntando sobre lo maravilloso que iba a ser su futuro y una solterona preguntando si encontraría el amor. A todos les dio esperanzas y de todos recogió un buen puñado de billetes.
Hacia las siete se empezó a aburrir y comenzó a barajar las cartas del tarot. Llevaba un rato en medio de esta faena cuando Madame Joie entró por la puerta.
—Deja de barajar. Las cartas no son un juguete.

Mimi paró con las cartas y las dejó sobre la mesa. Le entregó a Madame Joie el dinero de la tarde y esta la felicitó por su buen trabajo y luego se fue.

La pitonisa se giró hacia la mesa y contempló el montón de cartas que Mimi había dejado sobre la mesa. 
Cogió una carta: La Rueda de la Fortuna invertida
Cogió otra: El Diablo invertido. Madame Joie frunció el ceño y giró la siguiente carta. Se trataba de la Muerte invertida. 
La pitonisa observó preocupada todas las cartas. Y contempló por la ventana la gran carpa central del Circo y suspiró.
—Lástima, me cae bien.

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